La Trama Imperfecta

 

 

Para que el arte sea creado, se necesitará de un autor y de por lo menos un receptor el cual se tornará condición implícita de la situación artística. Este receptor podrá ser real o ideal, existente en el pasado o en el futuro, pero cierto es que solo entonces la obra se completará. El objeto creado no obtendrá identidad hasta que sea cerrado el carácter abierto de la obra. Si bien existe un autor y  un receptor, el  sujeto del que la obra de arte es objeto está compuesto por la dupla autor-receptor. Siendo el mismo artista el receptor primero de su propia obra, estará sujeto, como cualquier otro espectador, de la ideología y las formas discursivas dominantes de su época.

Habrá entonces tantas obras como receptores, pero también habrá una “Obra de Arte” que es producto de cierta operatoria de los organismos e instituciones  otorgadores de prestigio, organismos estos que en su mayor parte hoy sostienen la función espectacular de la cultura dominante en su gestión de lo posible. Y peor aún, nosotros no estamos ajenos a dicha situación, sino que el común de nuestros actos contribuyen a la reproducción de la misma. 

Es cierto que el problema es complejo, pero plantear lo difícil que se torna en el momento actual subvertir el estado de la situación, resultaría, citando a Badiou, redundante; sería como decir que la dominación domina. Debemos darnos la oportunidad que implica sostener que en cualquier condición, en la peor de las condiciones, es posible pensar. Es necesario afirmar que los saberes estructurados, tienen azarosas fallas, grietas, fisuras; en ellas, para devenir sujeto, es imprescindible hacer una “apuesta sin ley” al acontecer de una verdad. En este caso una verdad artística. En esta “trama imperfecta” será entonces, un hacedor de verdades, aquel que crea posibles con lo imposible.

                                                                                                    Marcelo Lo Pinto

10/ 2000

 

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