Marcelo Lo Pinto, de lo surreal expresivo
Marcelo Lo Pinto
presenta un mundo expresivo, mediatizado por innumerables contingentes de seres
que buscan su destino a partir del rompimiento de sus anhelos. Sollozos,
lágrimas que resbalan por la mente de lo teórico, mientras la membrana que todo
lo puede se adentra poco a poco en los sueños que nunca verán la realidad.
Exhibe, con toda
claridad, su propensión por el drama, por elaborar seres que están desencajados,
rotos, desparramados en vida, aunque consigan andar.
Capta el interés de lo
surreal en lo automático, en el comunicar sus pesadillas, presentando su mundo
de dolientes que se entrecruzan y se distorsionan mutuamente. Dolientes que
andan, que bucean en el conjunto de miserias personales, que buscan ir más allá
de la anécdota, de lo circunstancial, de lo evidente pero efímero. Anécdotas que
no son continentes de noticias, que no manipulan a los seres que las sufren,
sino que los desgarran.
Hay una sensación de
pesadumbre, de ‘dejà vu’ pero que, sin embargo, siguen los acontecimientos de la
rueda del mundo que gira implacable. Se repiten los mismos esquemas de hace
años, con otras palabras y empleando medios distintos. Hoy no se ve pero existe
el horror.
Nos sumergimos en las
cavernas de lo nebuloso en la era tecnológica. La imposibilidad de ver el mundo
en su conjunto nos hace devotos de nuestro aislamiento, cuando, en realidad los
medios tecnológicos nos hablan del mundialismo. Mientras el ser de la calle
sufre, anda, muere, se hiere, pasa hambre, se autoaisla en el umbral de lo
personal, buscando una individualidad que no es solución, en un planeta dominado
por el interés. Lo individual como fuente de aislamiento, como antesala de la
muerte, como tortura cotidiana, envuelto, eso sí, en un espléndido papel de
celofán.
Joan
Lluís Montané
De la
Asociación Internacional de Críticos de Arte